La pregunta que cambió mi vida para siempre

Era una típica mañana de primavera en Nueva York. El frío cortaba la respiración y se clavaba en mi cara. El sol brillaba en todo su esplendor, pero aún así el termómetro marcaba 38☉F. A pesar del frío, gotas de sudor me corrían por la espalda y la frente.

Desde hacía algunos minutos, corría de un lado a otro en frenética actividad preparando a mis tres hijos pequeños y colocando nuestro equipaje en el carro que nos llevaría al aeropuerto. Viajábamos a Florida, para visitar a mi esposo que llevaba allí un mes por motivos de trabajo.

Acomodé las maletas en el vehículo y me aseguré de que todos mis nenes estuvieran bien asegurados y sentados en sus asientos. Finalmente, me subí al carro con un suspiro, limpiándome las gotas de sudor que resbalaban por mi frente. Ivana, la mayor, tocó mi hombro y, mirándome con infinita curiosidad y dulzura, preguntó:

 

 

Mamá, ¿cómo te demuestras que te amas a ti misma como nos amas a nosotros?

La pregunta fue inquietante.
Me quedé sin palabras.
En silencio traté de encontrar la respuesta por un tiempo indefinido que me pareció eterno.

Pensé.
Reflexioné.
Y con profunda tristeza, me dí cuenta que no tenía ninguna respuesta para mi hija.

Durante los últimos años, me había dedicado a demostrarle entrega a todos los miembros de mi familia.

A todos, menos a mí misma.
Y mi hija de solo 8 años lo percibía.

Durante ese tiempo, dejé de atender mis necesidades.
De darme tiempo para cuidar de mí como persona.
De mi salud, de mis relaciones fuera del núcleo familiar.
Descuidé mi práctica espiritual y dejé de lado mi desarrollo personal.

No supe en qué momento había dejado de ser mi prioridad.
No me estaba demostrando amor.

Me concentraba en que en la casa y la vida de mis tres hijos y mi esposo todo funcionara como debía.
Los niños disfrutaban de todas sus etapas importantes y mi esposo desarrollaba una exitosa carrera como deportista.

Tenía una familia modelo.

Pero mi propia vida estaba en desequilibrio. Me sentía agotada, estresada y mi tolerancia era poca. Cualquier detalle, por mínimo que fuera, me afectaba mucho.
En ese mar de tareas y responsabilidades olvidé cuidar de mí misma. Eso estaba pasando factura a las personas que más amo.
Todo aquello que les daba, aunque con mucho amor, sabía a sacrificio y obligación.

La pregunta de mi hija me llevó a reflexionar en profundidad sobre mi vida. Marcó el inicio de un viaje de descubrimiento maravilloso donde empecé a (re)conocerme y (re)conectar conmigo misma.

Comencé a cuestionarme. Quería poder conocerme y saber:

  • Quién soy yo realmente
  • Cuáles son las cosas que me apasionan
  • Cómo honro mis valores más importantes
  • Cuáles son mis talentos y cómo los estoy expresando
  • Cuál es el ejemplo y el legado que quiero dejar a mis hijos y al resto del mundo

En esa búsqueda aprendí que nuestra esencia femenina es infinita y que los roles que vivimos como madres y esposas son una bendición y no una limitación para seguir nuestro propio llamado interno, identificar y usar nuestros talentos y lograr nuestros sueños.

Al identificar mis dones conecté de nuevo con mi pasión. Descubrí mi misión y el legado que quiero dejar en este plano.

Empecé a tomar responsabilidad, a cuidar de mi salud emocional, mental y física.Volví a la escuela y me certifiqué como Coach de Vida con Propósito y Liderazgo por la IPEC- Institute for Professional Excellence of Coaching y la ICF-International Coaching Federation.

Y Jessica renació, renovada y llena de inspiración. Imparable, ilimitada, con más poder, más pasión y más alegría por la vida. Con mucho para darse y aún más para dar a los demás.

Ahora mi familia es una familia más feliz, porque todo lo que les doy, nace desde el amor.
Soy una madre realizada, apasionada por la vida, su familia y sus proyectos.
Tengo grandes sueños para el futuro y quiero dejar una huella positiva de mi paso por el mundo.

 

«UNA MUJER NO CAMBIA.
UNA MUJER RENACE, EVOLUCIONA Y SE TRANSFORMA.
LAS VECES QUE SEAN NECESARIAS.»

Poder acompañar a mujeres ordinarias a lograr cosas extraordinarias en un proceso transformador de crecimiento personal, me llena profundamente y es lo que me mueve por dentro.

Hoy en día me dedico a ayudar a madres a renacer, empoderarse y conectar con ellas mismas.

Les ayudo a redescubrirse, a establecer metas alcanzables, a conectar con su propia esencia y a crear la vida que quieren vivir.

 

 

¿Te gustaría que trabajáramos juntas?

Estoy aqui para ti y me encantaría ser parte de tu equipo y caminar contigo hacia  tus metas más importantes. Selecciona una de las opciones abajo para que entiendas mejor como podemos trabajar juntas.

Y esta mujer también soy yo

Mi vida familiar es hermosa, caótica y maravillosa.

Tengo dos hijas y un niño de cuatro añitos que son mi alegría más grande.

Soy una mujer afortunada, me casé con el amor de mi vida y desde hace 20 años soy la compañera y socia de un hombre extraordinario al que amo, admiro y apoyo en todo.

Por él dejé hace muchos años mi natal Puerto Rico y decidí acompañarlo en una gran carrera que tuvo como escenario los diamantes más importantes del béisbol profesional en Estados Unidos y América Latina.

Juntos compartimos no solo una familia, sino también metas conjuntas y grandes sueños, como nuestras fundaciones sin fines de lucro con las que apoyamos a jóvenes estudiantes con necesidades económicas en Estados Unidos a través de becas universitarias.

También hemos fundado juntos una escuela superior especializada en béisbol para apoyar a jóvenes talentos a desarrollarse y luchar por su sueño deportivo mientras obtienen una formación educativa de excelencia.

En el último año, mi esposo Carlos Beltrán y yo hemos puesto toda nuestra energía en apoyar la reconstrucción de nuestro amado Puerto Rico después del paso del Huracán María en septiembre de 2017.